El
dos veces nacido. Micronovela.
Lima: Editorial Micrópolis,
2011, 32 pp.
Liz
Fiorella León Mango
Es sabido por todos que existen muchos pequeños objetos
que poseen en sí la dimensión de los grandes. Una micronovela como la de Jomar
Cristóbal, El dos veces nacido, se
expone como una serie de «cuadros», pues no podría llamarse de otra manera a
estas pinceladas en el papel, con la osada ambición de contener en sus pocas
páginas un imaginario muy particular cargado de ficción y ensueño, de cruda
realidad y hasta, en ciertos momentos, de una lucha existencial que configura
las acciones de los personajes que se desenvuelven en su interior.
Giácomo, el dos
veces nacido, y Almudena, la de los ojos caídos, son dos personajes cuya
historia irrumpe ante nosotros con su singularidad: su «diferencia». El «Origen»
siempre es la metáfora del génesis y esta historia nos arrolla en su comienzo
de una manera relampagueante, exponiendo una realidad insoslayable: el nacimiento
de Giácomo con seis dedos en su pie izquierdo. Este hecho lo vuelve un ser
especial y la relación de sus experiencias procura la expectación del lector,
indudablemente deseoso de conocer el destino del personaje.
Sin
embargo, Jomar Cristóbal no se contenta con una mera exposición de eventos y
juega en sus cuadros con el truco de la intertextualidad que se inicia incluso
desde la forma en que nombra a sus personajes, por medio de epítetos, al estilo
de las grandes epopeyas homéricas. Almudena es un personaje enigmático que
tiene en los ojos algo extraño que ahuyenta hasta a los perros; sus ojos son
como aquellos de las gorgonas, en la tradición mítica de los griegos, o como
los inefables ojos de Lina, en la narrativa de Clemente Palma, escritor de la tradición
literaria peruana. Por otro lado, un amigo de Giácomo, Tiago, es torturado en
sus sueños por la horrenda realidad de su culpa, y agrede a sus ojos como
antiguamente lo hiciera Edipo por casarse con su madre.
Las claras
alusiones metafóricas, la exacerbada exposición de los sentidos, la alteración
espacio-temporal de los hechos, el estilo enumerativo e impresionista, el
experimentalismo y las imágenes descritas con pinceladas precisas y concisas,
entre otros aspectos, nos muestran algo más que un teatro que trastorna las
escenas cotidianas. Más aún, nos obligan a ser presas de un fenómeno de
extrañamiento y de una inevitable necesidad de comprender los sucesos a partir
del último fragmento que nos remite con su carácter circular al principio de la
historia, como efecto de un eterno retorno: el regreso del héroe a su primera
morada, y su nuevo nacimiento sucede para identificarlo con justicia como «El
dos veces nacido».
Liz Fiorella León Mango
(Cusco, 1990). Bachiller de Literatura por la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Ha participado en recitales y congresos en la UNMSM y
PUCP, como organizadora y expositora respectivamente. Su interés en la difusión
del placer por la lectura la impulsó a dedicarse a la edición de libros
infantiles en la Editorial San Marcos. Actualmente, forma parte del comité
organizador de un Taller de Lectura y Creación.
